(o cómo el pasado siempre vuelve… excepto cuando el asegurador finge
que no lo conoce)**
En el vasto Reino de la RC Profesional, donde los planos se esconden en
cajones que nadie abre y las responsabilidades se adhieren como polvo
de obra a las botas, existe un territorio especialmente traicionero. No
está marcado en los mapas y sin embargo todos caminan por él. No tiene
fronteras visibles, pero determina el destino de miles de arquitectos y
arquitectos técnicos.
Ese territorio se llama:
Retroactividad.
Pocas palabras despiertan tantas dudas ni tantas fantasías contables.
Los mutuos y las aseguradoras la pronuncian con solemnidad mística, los
profesionales la repiten como si fuera una especie de bendición divina y
los Sofisianos… bueno, los Sofisianos la tratan con la misma mezcla de
ironía y resignación con la que un perito veterano observa a un becario
intentando medir un hueco con un metro de papel.
Porque la retroactividad es, en esencia, una paradoja:
permite asegurar trabajos del pasado con una póliza del
presente,
pero al mismo tiempo es la excusa favorita de muchos reinos para
intentar negar coberturas con frases tan vagas como dramáticas:
—“Ese hecho es anterior.”
—“Eso es de otra época aseguradora.”
—“Aquí no hubo comunicación en su momento.”
—“Ese incidente no forma parte del periodo cubierto.”
Y siempre, SIEMPRE, con un tono que mezcla tragedia griega y
contabilidad medieval.
I. Un viaje a las profundidades del tiempo técnico
La retroactividad nació como herramienta de protección para el
profesional:
una forma elegante de reconocer que los actos profesionales no caducan
como los yogures, sino que permanecen flotando en el éter jurídico
durante años, a veces décadas, esperando el momento más inoportuno
para manifestarse.
De hecho, en la construcción hay tres cosas inevitables:
1. La aparición de una fisura donde no debería haber ninguna.
2. La llamada del cliente cuando menos te apetece.
3. Una reclamación por un trabajo realizado cuando llevabas otro
corte de pelo y otra póliza.
El tiempo en nuestro sector no fluye hacia adelante:
se pliega, se retuerce y vuelve sobre sí mismo con una habilidad
casi artística.
Es por eso que un informe escrito con prisas en 2017 puede resurgir en
2025 acompañado de un propietario indignado, un abogado inspirado y
un perito con exceso de motivación.
Y sólo existe una herramienta capaz de proteger al profesional frente a
estos fantasmas temporales:
una retroactividad bien hecha.
II. Los Reinos y sus extrañas interpretaciones del tiempo
Cada facción del Reino tiene su visión particular —y casi teatral— de la
retroactividad:
Los Asemitas
La tratan como si fuera un manuscrito sagrado que sólo se activa si las
constelaciones están en la posición correcta y el asegurado ha pagado
todas sus cuotas con fe absoluta.
Los Musatianos
El pasado existe, sí, pero siempre bajo el prisma mutual:
todo se cubre…
si el colectivo lo bendice.
Si no, se cubre parcialmente…
y el resto “se estudiará”.
Los Lloydanos del Exceso
Tienen retroactividad, pero en versión británica:
un concepto profundo, elegante, hermético
y que sólo funciona cuando el viento sopla desde el oeste.
Los AXAistas
La conciben como un cálculo matemático:
si encaja en su fórmula, existe;
si no encaja, no existe.
Los Occidentales Reformados por Sofisianos
Aquí entra tu producto.
Aquí entra la modernidad.
Aquí entra la lógica real del sector.
La retroactividad se convierte en lo que siempre debió ser:
una herramienta práctica, amplia, comprensible, aplicable y sin
trucos.
III. El regreso del incidente olvidado
Imagínese al lector —arquitecto o aparejador— recibiendo una demanda
en la que aparecen correos, whatsapps y burofaxes de hace cinco años,
cuando tenía otra póliza, otra vida profesional, otro nivel de estrés y otro
nivel de ingenuidad.
En esa documentación aparece una frase suya, escrita sin malicia:
—“Perfecto, mañana lo reviso.”
o la aún peor:
—“Yo me encargo.”
Y entonces el lector, ya con las pulsaciones al nivel de una obra con
retraso, piensa:
“Esto es de antes…
¿y si la póliza anterior dice que no?
¿y si la actual dice que tampoco?
¿y si me quedo entre dos épocas como una grieta sin sellar?”
Ahí es donde los Sofisianos, que han visto más reclamaciones que un
funcionario de urbanismo, intervienen con serenidad casi cómica:
—“No dramatices. Las compañías hablarán de retroactividad… pero la Ley
habla de algo distinto.”
Y aquí llega el giro.
**IV. El Artículo 16 LCS:
el hechizo que los reinos citan mal desde hace décadas**
El Art. 16 LCS es como ese abuelo sabio al que nadie escucha,
pero todos citan.
La gente jura que dice una cosa,
pero el artículo dice otra totalmente distinta.
Dice, literalmente, que:
el asegurado debe comunicar el siniestro lo antes posible,
pero si no lo hace,
la compañía NO puede rechazarlo,
sino únicamente pedir indemnización si demuestra un perjuicio,
lo cual ocurre aproximadamente…
el cero coma nada por ciento de las veces.
Y aquí aparece la ironía suprema de los Sofisianos:
—“La retroactividad no se rompe por un correo olvidado.
Sólo se rompe por falta de retroactividad…
y nosotros, querido colega, de eso andamos sobrados.”
**V. El truco más viejo del Reino:
confundir tiempo conocido con siniestro conocido**
Cuando una aseguradora quiere complicar la vida al profesional
—cosa que sucede con una creatividad digna de estudio antropológico—
utiliza esta frase:
“El siniestro era conocido con anterioridad a la póliza actual.”
Y los Sofisianos, con la misma ironía que un topógrafo viendo cómo un
político explica lo que es una cota, contestan:
—“No, amigo mío.
Era un HECHO.
No un siniestro.
El siniestro nace cuando alguien te reclama, no cuando alguien te escribe
un mail en 2018 diciendo ‘revíseme la grieta’.”
Ésta es la diferencia entre caer…
y seguir de pie.
VI. La retroactividad infinita (o casi)
La póliza Occident–Sofisiana incorpora retroactividad amplia,
sin restricciones absurdas,
sin condiciones místicas,
sin sacrificar gallinas ni presentar certificados del siglo pasado.
Incluye:
trabajos anteriores al alta,
trabajos realizados bajo otras pólizas,
trabajos realizados cuando el profesional aún no sabía qué era la
LOE,
trabajos que parecían pequeños,
trabajos que parecían irrelevantes,
trabajos que parecían imposibles de reclamar.
Y lo cubre porque entiende la realidad:
el pasado no desaparece.
El pasado factura.
**VII. Conclusión:
el tiempo es un enemigo amable… si vas acompañado**
Si este capítulo tuviera que resumirse en una sola frase —irónica, por
supuesto— sería esta:
**“La retroactividad no es magia.
Es simplemente la capacidad de tu seguro para reconocer que tu pasado
existe.”**
Y como dicen los Sofisianos, veteranos en estas guerras temporales:
“El pasado siempre vuelve.
La cuestión es si vuelve con abogado…
o con cobertura.”
Contenido informativo. Las coberturas efectivas dependen del riesgo analizado y del condicionado contratado.
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